Actualidad: ¡Cálmate!

Escrito por Leo Rojas

Hay momentos en la vida que no se repiten. Historias únicas que llevan a pensar más allá de nuestras posibilidades y realidades paralelas que por mucha empatía que brotemos, terminan siendo sólo eso, historias.

Que tu disco duro de experiencias te pida a gritos terabytes de resultados, no significa que tus decisiones deban ser apresuradas y consumidas por la ansiedad de lo que pueda representar dentro de tu sociedad, nuestra sociedad. No caigas en la necesidad de recurrir al traductor de Google para leer entre líneas, el negocio es sencillo y esto es lo que sucede:

En épocas remotas no existían los noviazgos. Eran simplemente momentos previos a un matrimonio que ya estaba escrito desde el enlace de miradas que surgía de un encuentro. Las familias se reproducían como conejos sin freno y 8 hijos era lo normal para quienes establecían ese imperio. ¿Qué sensación de desespero puede generar esta costumbre que murió junto a Elvis Presley? Que tus ganas de auto-encarcelarte sean bien argumentadas y no por lo acostumbrada y entregada que estés.

No estoy en contra del matrimonio, pero el afán de ponerle límites a tus vivencias, no lo comparto. Es difícil darme cuenta que debo compartir más del 70% de una vida promedio con alguien que no me da garantía de una plena felicidad por el simple hecho de que me estoy apurando al decidir tal acuerdo. La idea principal viene de ustedes, soñadoras implacables que lo dejan todo por el todo con este tipo de ilusiones.

A la edad promedio del target que está leyendo esto le ha tocado una relación larga dentro de la que ha reído, llorado, peleado y aplaudido. La generación actual no cree en nadie y antes del primer beso ya están planeando un futuro de fantasía, que a punta de la metralleta de realidades, van poniendo sobre el tablero de juego la verdad de lo que es vivir y luego contar.

Las novelas hacen mal y todos nos lo estamos creyendo. Que las películas solo sean películas y que tu habilidad de solo saber hacer tajadas te grite a la cara que para casarse se necesitan bolas y no suspiros.

El matrimonio es la muerte del romanticismo y no existe un diálogo que sea interesante de por vida si es fabricado con tan solo meses de anticipación.

Esto no es un post en contra del matrimonio, sino en contra de quienes construyen casas con anime.

Moraleja: los tatuajes son para siempre.

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