No es sencillo dar una definición de corrupción, ya que es una palabra a la que se le pueden dar múltiples significados, pero podemos entender la corrupción como “todo acto que busca alterar, viciar, trastocar las formas y que implica actos o conductas reprochables que pueden darse tanto por acción como por omisión”.

Frecuentemente escuchamos hablar de corrupción y pensamos que es algo que ocurre solamente en la política, pero la corrupción comienza con pequeños actos de transgresión en la vida cotidiana. Lo más grave es que estos “pequeños actos” llegan a ser realizados por los padres frente a sus hijos con frecuencia, pasando a ser admitidos como normales y convirtiéndose en el modelo que estos hijos asumirán como conducta de vida.

A continuación algunos ejemplos de corrupción en nuestra vida cotidiana:

-Haciendo la fila para dejar a los niños en la escuela, algunos padres deciden adelantar de forma abusiva a los demás vehículos (se colean). Lo correcto sería explicar a los hijos que para no llegar tarde deberán levantarse más temprano mañana y hoy tendrán que asumir la sanción que la escuela imponga por el retraso. Estarían inculcando valores como respeto al prójimo, sentido de responsabilidad y disciplina.

-Los detiene un fiscal de tránsito y en lugar de asumir que no tienen los papeles al día deciden preguntarle: “¿no lo podemos arreglar de otra forma? Si delante de nuestros hijos no somos capaces de asumir nuestras responsabilidades ¿con qué cara podremos exigirle a ellos que lo hagan y se conviertan en ciudadanos respetables?

-Cuando el niño llega a casa con un objeto que no le pertenece y hacemos caso omiso. Lo correcto es conversar con el niño, explicarle que eso no está bien y hacer que lo devuelva.

-El niño patea una pelota y rompe el vidrio del vecino pero nadie lo ve y decidimos “hacernos los locos”.

La corrupción, como podemos ver, la vivimos nosotros mismos y es un problema que afecta nuestra dignidad, pone a prueba nuestros valores éticos y los valores que queremos inculcar a nuestros hijos.

¿Cómo lograr que nuestros hijos crezcan como ciudadanos incorruptibles?
La mejor arma contra la corrupción es la educación.

Debemos enseñar a nuestros hijos a hacer suyos los valores de honestidad, solidaridad, respeto verdad, justicia, benevolencia y caridad.

Para prevenir la corrupción debemos hacer que nuestros hijos vivan en un ambiente de compañerismo y solidaridad, y no desaprovechar cada experiencia de vida para enseñar estos valores a través de la acción, ya que el ejemplo vale mucho más que las palabras.

Terminar con la corrupción es responsabilidad de todos pero especialmente de los PADRES ya que somos los principales educadores, que con nuestra vida podemos mostrar el camino que llevará a nuestros hijos a ser personas íntegras; que aprendan a utilizar sus valores y sus principios cuando la situación lo amerite y que luchen por un mundo más honesto, más humano y lo más importante sin corrupción.

“Si queremos vivir en un mundo mejor y sin corrupción el cambio empieza por casa”

“Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestras manos para criar a nuestros hijos como seres incorruptibles” Ana María Simon.

@PadresAlLimite
“Padres al Límite” en Facebook

Fuente:
monografias.com
clad.org
rincondelvago.com

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