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El encanto del US Open

Hoy pretendo subir el nivel en cuanto al paladar de ustedes los lectores. Para eso tengo varias opciones, escribir de golf, de tenis o de cualquier deporte exclusivo de los que tienen buen gusto. Como mi objetivo es darles un paseo por la élite deportiva no esperen que hable de metras, chapitas o perinola, más bien en este sentido tengo que ascender muchos escalones.

El tenis y el golf son dos de los deportes que gustan a un público con distancia, clase y categoría. Con esto no estoy diciendo que a los que nos apasione el béisbol pecamos de corrientes, jamás me echaría cuchillo a mí misma, me refiero a que mientras sepamos lo que significan las siglas PGA y ATP siempre estaremos un nivel más arriba. Es más, si usted quiere causar buena impresión más vale que tenga una idea de cualquiera de estos dos circuitos, no tiene que practicar los deportes como tales aunque sería un plus, pues ni se imagina los negocios que se cierran en el famoso Hoyo 19 o cómo se arregla el mundo tras una partidita de tenis. Pero entiendo si usted tiene par de pies izquierdos para la práctica deportiva, sin embargo, sería suficiente con seguirle la pisada a los mejores exponentes en sus respectivas canchas pues automáticamente le estaría agregando nivel y lujo a su vida. Es como el famoso cuento del viajero a quien se le conoce por sus maletas, o al andante por sus zapatos. Bueno, es lo mismo, al fanático se le conoce por sus gustos deportivos. ¡Punto!

El tenis es un deporte elegante, refinado, limpio y con distinción. Así son los tenistas y así es el público que lo sigue. Cada uno de los cuatro Grand Slam de la Temporada tiene su sello particular que se manifiesta más allá de la superficie en la que se juegue. Por ejemplo, el torneo que se realiza en el cemento de Flushing Meadows, tiene su propio encanto. Yo los invito a que revienten esa alcancía y no se vayan de este mundo sin visitar el único grande que se celebra en la mejor ciudad del mundo, la gran manzana. Lo dicen los jugadores y los narradores de televisión, lo dicen todos, el tenis en NY es distinto al que se juega en el resto del mundo. Y no pasa por las tiendas, ni por los teatros ni por la Estatua de la Libertad, sino por el espíritu que reina cuando el Otoño y el Tenis llegan a esta ciudad.

Para empezar no hay estadio de tenis más grande en el mundo que el Arthur Ashe con una capacidad para 22.500 personas. De hecho, el centro Billie Jean King es el complejo de tenis con más afluencia de fanáticos en el planeta tierra. El año pasado con todo y retrasos o cancelaciones por mal tiempo se rompió récords en asistencia y en ratings televisivos.

El US Open es fogoso en multitud, el sonido de ambiente es intenso sin llegar a ser ensordecedor, al menos que María Sharapova se afinque en sus gemidos, pero incluso hay quienes fantasean escuchándola. Por otro lado es abrumador el sonido de fondo de las bandas musicales que tocan en los descansos o el ruido de los aviones volando sobre Queens, el silencio no sobra y mucho menos en una dramática noche de tenis. Además, a diferencia de otros Torneos Grandes, en el US Open se juega más allá de las 11:00 pm, dependiendo de cuánto se alarguen los partidos del día. Esto es ideal para los fanáticos y fatal para los de la prensa, pero prohibido quejarse, ¡vamos pal cielo sin llorar!

La acción no se termina. El segundo sábado del torneo es enloquecedor, los hombres juegan sus semifinales en la tarde y para la noche se reserva la Final de Mujeres. Y aunque la Final de Hombres está planificada para el domingo, tomen sus previsiones porque en las últimas 4 ediciones de este torneo siempre se ha pospuesto hasta el lunes por culpa de la Madre Naturaleza.

Sí, el encanto del US Open vá más allá de ver de cerca los cachetes de Rafa Nadal. Fíjense que este año el español no va por lesión y aunque es una baja notable en un lado del cuadro, el espectáculo está asegurado y se repone a las ausencias, porque es una experiencia única. Se siente como el último suspiro tenístico de la temporada y literalmente así lo es. Luego de dos semanas les apuesto que nos habremos respondido las siguientes preguntas:

1.- ¿Puede Andy Murray hacerle honor a su Medalla de Oro y ganar finalmente un Grand Slam?

2.- ¿Puede Roger Federer tras su reconquista en Wimbledon y la posición de honor en el ranking volver a ganar el US Open pero ahora con 31 años?

3.- Tras arrebatarle la medalla de Bronce a Djokovic en Londres, ¿puede Juan Martin Del Potro competir de nuevo al más alto nivel? ¿Volver a ganar donde en 2009 levantó su más preciado título?

4.- ¿Cuán frustrado sigue Novak Djokovic tras no poder emular su fantástico 2011? ¿Será que una de esas noches mágicas en el Arthur Ashe con los rascacielos iluminándole se rencuentra con su mejor versión?

5.- ¿Puede alguna otra mujer que no se apellide Williams dominar el tenis femenino? ¿Alguna Radwanska, Kvitova, Azarenka? Esta respuesta nos la dará Serena porque todavía no hay nadie que sea tan dominante y poderosa como la menor de las Williams cuando está decidida a ganar.

6.- ¿Le llegará a Caroline Wozniacki su Trofeo Grande sabiendo que aún es una joven de 22 años muy talentosa?

Si estas razones no son suficiente para convencerlos de visitar el US Open, ¿será que les recuerdo que el “Fashion Week” coincide en algunas fechas con el tenis?. ¿Y ahora qué tal?… No creo que encuentren tanto glamour y nivel juntos en un sólo lugar, así es Nueva York. Se los prometí al principio de la lectura. ¡Los espero!

@caroguillenESPN

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