Hablar del complejo de Edipo en un día del Padre, sí, ya lo sé, es raro. Créanme que lo que deseo compartir aquí no tiene, para nada, la intención de ser una reflexión de corte académico, ni  con la seriedad que tiene para los estudiosos de la Teoría Freudiana.  Quiero es entregarles el uso hasta gracioso del conflicto edípico para mí.

Celebramos el Día del Padre y salimos cegadas a la calle a buscar el regalo perfecto, que bueno que Erika nos dio unos tips prácticos para conseguirlos, también queremos organizar la ocasión perfecta para pasarlo con papá, nos olvidamos de nosotras, así como cuando estamos en plena conquista amorosa, cegadas de cuánto gastamos, si vale la pena, etc. etc. Lo peor, no le hacemos ni caso a los consejos de las mamás en qué comprar, mucho menos a las parejas si es que ya mamá y papá no están juntos, ignorarlas es la premisa porque quién mejor que una para escoger ese regalo, ¡Complejo de Edipo Total!

Cada vez que voy a casa de mis padres en estas fechas, mi marido me dice a modo de broma, ya salió el Edipo. Mi marido es un hombre muy inteligente,  que no se anda por las ramas, con lo cual creo en su observación; y me hace gracia porque para mi este día es para darnos permiso y volver a esa primera infancia donde nos enamoramos de nuestro padre, ese primer amor y referencia para los futuros amores en la vida. Está bien.

¿Y cómo no padecer de esta extraña locura en ciertos momentos? Darnos esa licencia. Por ejemplo les voy a confesar que a mi regreso de Australia, después  de dos años sin ver a mi familia, la primera persona que me encontré en el aeropuerto fue a mi padre. ¡Guapo! Jejeje ¡con traje de diseñador! con una cantidad de años encima sentía yo por sus canas blancas; ese señor sonreía, ese papá de profesión militar, recio, me esperaba con una alegría indescriptible. Mientras estuve fuera, él me llamó tantas veces, se ocupó de tanta cosa que yo necesitaba. Siempre tuvo una palabra amorosa y de buen consejo cercano a pesar de la distancia.  Hoy recuerdo esa experiencia en Australia porque anoche vi con mi hija Bernarda mi historia favorita de Disney “Finding Nemo” (que ocurre en la barrera de coral australiana y en la corriente oriental australiana CAO), luego que ya superamos la etapa de  ver “El Rey León” casi todas las noches. Me llamaba la atención que estas son sus historias favoritas (y las de muchos), ambas historias son sobre el amor profundo de un papá. Ella miraba aquello con un interés impresionante. De vez en cuando decía ¡su papi!. En los ojos y frases de mi hija me reconocía.  Su papá, el de Bernarda, José Rafael, está de gira por trabajo, pero al mismo tiempo estaba allí, era el padre amoroso, el protector, el valiente que lo saca a uno de los aprietos, el que regaña, pero también al que le toca aprender, acompañar y finalmente ver crecer. Marlin ya no era Marlin, era el papá de Nemo, pero también era su papá. Y su papá también es la imagen de lo que fue su abuelo Wenceslao. Es una herencia con una energía muy poderosa. A ellos les debe el sentido del humor que ya tiene a sus dos añitos, ella sabe que la consigna del humor es “un hombre en aprietos”.

Hoy los padres son algo diferentes a épocas pasadas. Mi padre no tuvo que cargarnos en brazos (somos cuatro), ni ocuparse de los teteros ni pañales, ni brindarle espacios a mi madre para crecer profesionalmente. Pepe, mi papá, admira lo que hacen hoy día los padres y me dice cosas como : ¡cónchale te sacaste la lotería! Y es verdad. Son otros tiempos y tenemos la fortuna de romper esquemas y contar más con la presencia de papá en casa.

Aunque hoy día las cosas funcionan muy diferentes a lo que le tocó a mi padre reconozco en él las bases fundamentales para  ser un buen padre en la vida. Lo veo en mis hermanos quienes son unos hombres entregados a su familia, sus hijos, con valores, trabajadores, sociables como él, inteligentes, joviales. Mi padre me enseñó dos cosas fundamentales y que quiero regalarles a todos los padres en su día. Primero que uno no es infalible, una vez le escribí una carta muy fuerte cuando tenía 15 años –porque Edipo se despierta en la adolescencia también- que él debe tener por allí guardada para recordarse lo dura que puede ser una hija ante un error. Igualmente un día con la frase ¡creo que ya pagué!, me enseñó que hay que perdonar (segunda enseñanza), y como él, cual Ave Fénix  hay que agarrar fuerzas y echar a volar, para reinventarse.

Amo a mi padre, amo que mi hija se encuentre absolutamente enamorada de su papá y lo llame “Mi amor” y hoy como yo, se le llene la vida al decir ¡Feliz Día del Padre!. De eso se trata, ser padre ¿no?, de saber reconocer el buen amor que es el que deseamos en nuestros compañeros de vida, en nuestras parejas. Gracias papá por enseñarme bien.

¡Felicidades mi Edipo! ¡Celebremos los padres en su Día!

 

@ingridserrano

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