En este consultorio médico ni siquiera se habían tomado el trabajo de recopilar Estampas viejas. Sala de Espera o Impacientes también brillaban por su ausencia, para desgracia de las cinco o seis personas que nos veíamos las caras de aburrimiento mientras la doctora se tomaba más de una hora con cada paciente y la asistente entonaba una larga cantaleta por celular.

En la primera hora de espera limpié el buzón de entrada del correo electrónico en el Blackberry, jugué dos partidas de Word Mole y me puse al día con unos diez contactos por Messenger. Que si las encuestas, que si los retrasos en la aduana, que si el mercenario no es gringo, que si el ahijado cachetón. La pila se acabó.

Volví a revisar la polvorienta pila de revistas, que no eran revistas. Eran folletos con ofertas de consultas, medicamentos y tratamientos estéticos. ¡La falta que hace una revistica Estampas!

Fue entonces cuando debajo de las hojas amarillentas encontré olvidados dos ejemplares de una prestigiosa y conocida revista de gerencia, eso sí, del año 2007. ¡Una joya! La doctora iba apenas por su segundo paciente. Me acomodé en la silla.

Funcionarios públicos aún daban entrevistas a los medios privados y hasta se dejaban tomar fotos estilo gerentes de Wall Street, Vielma Mora encabezaba uno de los artículos con su respectiva fotota a doble página, aún se escribían análisis sectoriales que daban la sensación de que existía un sector privado y las quejas sobre las asignaciones de dólares de Cadivi parecían ser el tema más recurrente.

La palabra “incertidumbre” encabezaba la editorial y se repetía casi hasta el horóscopo (la revista no tiene horóscopo, pero tiene una sección light al final). En abril de 2007 a varios abogados especialistas consultados les parecía un exabrupto la reforma constitucional planteada por el Gobierno. Parece que muchos no se imaginaban que pocos meses más tarde la primera intentona de reforma fallaría, pero menos aun que en la segunda –y en medio de artilugios politiqueros- Chávez lograría la pegada.

Lo curioso es que casi ninguno alcanzaba a vaticinar para ese entonces, en pleno ciclo de expansión de la economía y con los resabios del paro de 2002-2003 aún en la boca, que el socialismo propuesto por el presidente no era apenas un amorfo producto de su invención para adornar los discursos y cautivar a las masas. Era un plan que vendría con todo.

¿Cómo sería una revista gerencial de 2012? Ya no aparecerían entrevistas con funcionarios públicos vestidos de flux. ¿Para qué? Y la empresa privada se habría cansado de quejarse de unos controles que de provisionales pasaron a ser permanentes. Sin foto ni entrevista para ellos tampoco. Al menos ya no habría “incertidumbre”.

Si la agenda de temas típicos de una publicación ideada para cubrir el devenir del capitalismo se agota, tal vez podrían considerar seriamente la posibilidad de incluir un horóscopo a todo color.

@mariannaparraga

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