Escrito por Isaac Pérez

El mundo de la moda y sus proposiciones indebidas. Domenico Dolce dijo una vez: “Cada persona, hombre y mujer, lleva por dentro un porcentaje de su sexo opuesto”, pero ¿hasta qué punto es bueno para nuestra imagen? ¿Estarían dispuest@s a arriesgarse?

No hay nada inusual en la pintura de uñas, el estilismo en el pelo y la combinación de zapatos y accesorios que vemos en las modelos durante los desfiles. Pero definitivamente la historia sería otra si (lo que llaman) un “hombre 10″ hubiese desarrollado su vida bajo estos términos, décadas atrás. Hoy es diferente y somos capaces de alzar la voz ante cualquier cosa.

El coqueteo para mezclar la ropa de mujer y hombre va unida bajo los conceptos de la moda, es uno de los ejemplos más claros de cómo los roles de ambos sexos están confusamente redefinidos. La metrosexualidad es aceptada, aunque ya sea un poco sobrevalorado el término, porque el sexo masculino por muchos cuidados e importancia que le de a su imagen no raya en lo irregular, pero ¿estamos de acuerdo en ver a un hombre con la polaridad femenina al máximo y comunmente aceptada en la sociedad? De hecho no, pero sí a una mujer con un pantalón sastre y más si lo lleva con unos zapatos geniales… Es más, lo vemos hasta súper femenino.

Los diseñadores rechazan que sus creaciones sean encasilladas con los adjetivos “unisex” o el concepto andrógino. Todo se trata de la libertad aderezada con un poco de ambiguedad que lleva a promover la individualidad del ser humano moderno. Darle las proporciones adecuadas a cada aspecto y caminar con pasos seguros en la delicada línea que lleva el mezclar la femineidad con la masculinidad y viceversa, son las claves para salir airosos en este movimiento.

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