He llegado a la conclusión de que la vida no tiene edades sino etapas. Uno no recuerda “los dieciocho” eso es un decir, uno recuerda “la primaria”, “el bachillerato”, “la universidad”, etc. Y es en este largo proceso de inserción al mundo laboral que me doy cuenta de que el indicador número uno de que se te está acabando la etapa educacional es el número de días de vacaciones en tu año.

¡¿Qué les pasa a los que diseñaron el sistema?! ¿Cómo nos hacen pasar de tres meses más feriados al año, dando un total que ronda los cien días, a unas miserables dos semanas al año? ¡Dos semanas al año! Y eso incluye Noche Buena y Año nuevo. Qué miserable el que se le ocurrió que esta era una manera descorazonada de decirte “bienvenido al mundo real, bicth”. Con razón muchos adultos se amargan. Deberían inventar un sistema gradual en el que cada año del sistema escolar tenga una semana menos de clase y así cuando te gradúes no sea tan grande el choque; creo que la única razón por la que tenemos un “verano” de tres meses es porque lo importamos -como tantas otras cosas- del norte.

Las vacaciones son algo necesario para todo el mundo y ojo, vacacionar no quiere decir que te vas a rascar la barriga y ver al techo todo el día, yo creo que es más bien un estado mental en el que sales de tu rutina diaria porque, a pesar de que ames tu trabajo, el día a día puede ser muy cansón. Además, eso de vacaciones sacándose la pelusa de los dedos de los pies solo pasa cuando eres adolescente y estás pelando, porque sí, unas buenas vacaciones requieren de tres cosas: tiempo, dinero y energía. Por ahí dicen que cuando uno es adolescente tiene el tiempo y la energía pero no el dinero; cuando es adulto tiene el dinero y la energía pero no el tiempo; y cuando se es viejo se tiene el tiempo y el dinero pero no la energía. Etapas.

@amandaisabel87

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