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Las mujeres queremos volver al hogar

Llegamos al Día del Trabajador, sé que hay muchas razones por las cuales marchar y hacer un reclamo justo, quizás el mayor argumento para marchar sea la nueva LOT (para los que están a favor o en contra), sin embargo, he preferido realizar mi reclamo formal con pancarta y todo “las mujeres queremos volver al hogar”, (no para hacer reposo pre y post natal + vacaciones juntos) es quizás un intento de salvación de la vorágine corporativa, un intento desesperado, de los pocos a los que todavía podremos tener derecho antes que muchas mujeres nos quedemos fuera del entorno laboral, sólo por el simple hecho de ser, al final del día, simplemente madres potenciales.

Y es que hace nada fue el Día de la Mujer y ¡Qué bueno! ¡Genial! Todas nos felicitamos, recibimos los mensajitos, algunos hasta fastidiosos y repetitivos por el celular, Facebook, Twitter. Naturalmente, ha sido un camino largo, duro, para ganarnos hasta el simple derecho a votar. Estamos orgullosas de esos avances.

Pero muy secretamente, hasta hoy claro, deseo unirme al movimiento arcano de una amiga a quien admiro –y espero sacar a la luz pública-, denominado, ¡sí! como mi pancarta: “las mujeres queremos volver al hogar”, y aunque hasta la fecha este movimiento no se ha conformado formalmente, muero de ganas de ser su fan en Facebook o seguir en Twitter (@LauraDiazGranes). Ser parte de este movimiento no es un acto frívolo, por el contrario, es un acto liberador y democrático. Porque ¿cuándo me preguntaron si yo quería ser feminista? ¿cuándo decidieron por mí y ahora debo ser mejor que los hombres? Porque, si mal no recuerdo, yo no fui a esas elecciones.

Y aunque suene machista me inclino más por las mujeres del comercial de Quilmes, es decir, por el igualismo. Sí, sí, ya sé, no en el sentido degradante que alborota a muchos viewers, sino con un sentido mucho más amable, el del humor en el que todos, tanto hombres como mujeres, debemos hacer concesiones. Amo del video la frase con perfecto acento argentino de esa mujer que dice “comparáme con tu madre que me encanta” o el hombre gaucho rajado ya venido a menos que afirma “revisáme todos los mensajes y pisoteáme la intimidad”.

No me malinterpreten, la primera vez que escuché sobre el movimiento “las mujeres queremos volver al hogar”, me dije “¡pero yo no soy mujer florero!”, y no, no es eso. Laura me tranquilizó. No queremos estar echadas en la casa sin hacer más que estar bonitas, o cuidando de los menesteres caseros a punto de treparnos por las paredes. Al final del día lo que nos agota es tener que formar parte de esa movida de ser exitosas todo el tiempo, con doble y triple trabajo – oficina, mujer-pareja, madre- incluso a costa de nosotras mismas.

Las mujeres quieren volver al hogar es simplemente tener el chance de decir: bueno, bueno, déjame ver, hoy voy a almorzar con las amigas, voy a leer un buen libro, haré un taller de escritura creativa, o creo que puedo tener un día de spa completo para llegar a casa, mejor aún –porque al final siempre somos mujeres- voy a pasar por el mercado, antojarme de cuanta cosa divina haya, regresar a casa y preparar una cena romántica con mi pareja, y finalmente poder estar juntos, ¡¡¡pero no!!!

Mientras siga montada en el tren que ando, tendré que seguir yendo al trabajo, hacer las compras, dirigir a la señora de servicio, atender las crisis de la niñera, regresar a casa y atender la cena, cuidar la niña -aunque mi marido me ayude a cuidar de ella y acostarla en la cama- quedaré igualmente agotada del maratón, lo que me recuerda que olvidaba un punto importantísimo, como si fuera poco lo enumerado, ¡¡¡debemos lucir bellas!!!, ganar el maratón de la belleza, como si ir al gimnasio y a la peluquería no quitasen tiempo.

Tal y como voy, seré muy exitosa. Si es así, si esto es parte de mi sacrificio en pro del feminismo y me asegura ser profesionalmente exitosa y mantener el trabajo que me asegura reconocimiento y un ingreso familiar cada quince y último, entonces tengo algo seguro, al final del día llegará mi amado, preguntándose dónde quedó su hombría: cuidando la muchachita, pasando horas sin sexo y finalmente haciendo el papel de masajista tailandés; mientras yo caigo entre sus manos, no idílicamente sino roncando -tipo desmayo- sobre mi cama. ¿Alguna interesada en entrar al otro club?

@ingridserrano

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