Se acerca el Día del Padre y lo que más he escuchado sobre ese tema es: “No sé qué le voy a regalar”. Nunca nadie sabe qué regalar. Comprar hasta “un detallito” se ha convertido en un completo estrés. El otro día incluso soñé que era el tercer domingo del mes y yo todavía no tenía un regalo para mi papá. Por supuesto me desperté gritando, como si se tratara de una pesadilla de zombies.

Justamente, salir a comprar un regalo en Caracas es como de fin de mundo. Entre las colas, los precios, los choros y la falta de variedad, lo que provoca es regalar una manualidad. Tipo las que hacen en los programas de televisión matutinos o el que propone mi amigo @DanielPistola en @El_Mostacho (Mi mañana con Daniel Pistola). Pero si llego a regalarle algo así a mi papá, creo que no le va a gustar mucho.

Me imagino todos los regalos que recibirá Fernando Lugo, el presidente de Paraguay, este domingo. La cantidad de hijos repentinos que ha tenido ese señor es tan grande que no me extrañaría que en las próximas telenovelas dijeran cosas como: “Tu verdadero padre es… es… es… Fernando Lugo”. Además, me imagino que el Día del Padre colapsará la señal del celular en todo Paraguay, porque todos sus habitantes usarán sus teléfonos para decirle al Presidente: “Feliz día, papá”.

Pero volviendo al tema del regalo de mi padre, en serio creo que no está fácil. Por eso me puse a pensar en qué nos parecemos. Quizás así consiga el regalo perfecto. Entonces se me ocurrió, por ejemplo, que de él heredé mi dislexia. No sé cómo se diagnostica eso. Tampoco sé si realmente lo padezco. Pero frecuentemente confundo nombres y palabras con otras que no tienen nada que ver. Y a mí papá le pasa lo mismo. El siempre ha sido así de piroplástico. (¿Vieron que sí sufro de eso?).

Creo que a eso se debe nuestra incapacidad para aprendernos canciones de memoria. Lo que hacemos es tararear e inventar sonidos. ¿Será que lo llevo al Karaoke del Moulin Rouge? Claro que no, eso es los miércoles.

De él también heredé mi alergia al sol, por eso me parece de mal gusto regalarle una cava o unas sillas para la playa. También heredé su complejo de guía turística, pero sería redundante obsequiarle libros sobre algún país específico, ya los tiene casi todos. ¿Le gustará conocer más sobre Burkina Faso?

¿Y si le regalo una franela que diga “¡Qué padre!”? ¿La entenderán sólo en México? ¿Les parece mejor una franela que diga “El papá de los helados”? A mí me encantan los helados. Pero tampoco me considero uno.

Creo que hay algo que puede funcionar. Mi papá, a diferencia de mí, es fanático del picante. Todas sus comidas las combina con el picante más fuerte que jamás he probado. Es tan fuerte que una gota basta para sufrir en ardor por horas. Y como siempre hay alguien que llega a su casa a presumir de que come picante, su actividad favorita se ha vuelto convencer a los invitados de que prueben el suyo. Ya sé, voy a llevar a mi novio este fin de semana para que se divierta enchilándolo. Al pobre, con sólo oler el picante, se le pone la boca como si le hubiesen dado un chancletazo.

Y si al final del día eso no sirve, espero que por lo menos lea este artículo y se divierta un rato.

¡FELIZ DIA PAPI!

@AleOtero

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