La obesidad es un problema de salud que preocupa a muchos padres. Es importante ayudar a nuestros hijos a crear una relación saludable con la comida para evitar las consecuencias que la obesidad puede plantearles en el futuro.

Existen frases que con frecuencia utilizamos en procura de una buena alimentación, pero que pueden resultar contraproducentes:

1- Tienes que dejar el plato limpio. Hay muchos niños hambrientos en el mundo. Esta frase, además de cargar al niño con un nivel de culpa que no le corresponde, es un recurso que le hará ver la comida como algo negativo. Exigirle comer aunque no tengan apetito puede promover el sobrepeso; esta presión puede provocar la pérdida de la capacidad para determinar cuándo se está saciado, o hacer caso omiso a esta sensación por la obligación que implica comerse todo.

2- Si no comes brócoli no habrá postre. Este mensaje puede ser malinterpretado por el niño. En lugar de pensar que el brócoli es muy nutritivo, podría creer: “si me obligan a comer de eso, es porque debe ser horrible”. Su reacción será resistir a lo que se le impone.

3- Si no te comes todo no habrá postre. Ésta es una versión similar a la anterior. Con esta frase se le dice al niño que no importa comer dulces por gula, situación que propicia el sobrepeso.

4- Como comiste bien tienes derecho a un premio. Esto es traducido por el niño “si como todo, aunque no tenga hambre tendré lo que me gusta y el cariño de mis padres”. Esta estrategia puede inducir a comer de más y establece una relación equivocada entre comida y afecto.

5- No podrás comer más de un chocolate. El resto está escondido y solo te daré cuando yo quiera. Diversos experimentos han demostrado que los niños buscan comer más de aquellos alimentos restringidos cuando los tienen ilimitados, por ejemplo, durante una fiesta o si alguien se los da en la escuela. Lo ideal es procurar mantener y respetar un horario para los hijos que incluya 2 meriendas y ofrecer una gama de alimentos deliciosos y nutritivos.

6- Si estás triste te mereces un helado. Los niños confortados con dulces serán adultos propensos a usar la comida para “aliviar” cualquier malestar. No es conveniente convertir la comida en una forma de consentir. Se puede incluir de vez en cuando en las meriendas pero que el niño no lo asocie a un premio.

7- “Comí demasiados dulces, tendré que pasar horas en el gimnasio”. Cuando el niño escucha este tipo de frases puede entender que el ejercicio es un castigo. No sería extraño que comience a sentir desagrado por cualquier tipo de actividad física si ve esta actitud en nosotros.

¿Qué podemos hacer?

- Es conveniente ofrecer un menú variado y nutritivo desde que son muy pequeñitos. Si te decides a hacerlo cuando sean mayores será mucho más difícil. Ofrécele un menú variado y hazlo de forma divertida. Utiliza tu creatividad y realiza una bonita presentación de los alimentos.

- No forzarlos a comer. Evita obligarlos y que la hora de comer se convierta en una batalla. Si el niño observa tu preocupación puede que la hora de comer se convierta en una forma de captar tu atención. Procura mantener la calma, puedes invitarlo a participar en la preparación de los alimentos, esto será un buen estímulo a la hora de comer.

- Evita servir grandes cantidades y obligarlo a dejar el plato impecable. Un plato repleto de comida espanta a cualquiera y los niños no son la excepción, procura servirle de forma moderada ya que su capacidad gástrica es pequeña.

- Los niños necesitan aprender con el ejemplo. Es importante que los adultos nos alimentemos de forma saludable y prediquemos con el ejemplo. También es importante que nos vean practicar un deporte que disfrutemos. Busca una actividad física que puedan disfrutar en familia.

- Si el niño presenta sobrepeso no lo sometas a una dieta por tu cuenta. Deberás acudir a un especialista para que realice todas las evaluaciones necesarias y te oriente en cuanto al mejor proceder. Evita utilizar frases que contribuyan a disminuir su autoestima y ¡busca ayuda cuanto antes!

@PadresAlLimite

Fuente: Hablemos de Niños Publicación 2011. Artículo de Rebeca Hernández. Nutricionista.

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