Te quemaste la piel llevando sol, ¿y ahora qué?

Todas conocemos los peligros de las quemaduras producidas por el sol, y en verano son más comunes que nunca, ahora toca conocer cómo tratarlas para reducir el daño al mínimo.

Aléjate del sol

Es sencillo pero esencial. Si te has quemado, tienes que evitar a toda costa que el sol pueda incidir la zona afectada. Cubre la quemadura con alguna pieza de ropa, como una camisa.

Si te has quemado la cara, busca un sombrero de ala ancha y conviértelo en tu mejor amigo.

Cuidado en la ducha

Evita las duchas de agua caliente, ya que las altas temperaturas favorecen que la piel se seque y no son lo más adecuado para reducir el calor del área afectada. Además, tienes que controlar la presión del agua, ya que una ducha muy potente también puede causar daños. Optar por un baño o ducha suave con agua tibia es mejor idea. Y en lo que se refiere a jabones o geles de baño, elige uno suave o crema con agentes hidratantes. Y, por supuesto, evita depilar de cualquier manera el área afectada.

No vuelvas a exponerte al sol

Se parece al primer tip, pero créelo, es diferente. Esa creencia de que después de quemarse, la piel se pone morena, no lleva a ningún sitio más que a un posible problema grave de piel. Aunque parezca que la quemadura está mejorando, es fundamental mantener esa piel protegida mientras se cura. Utiliza ropa suelta y ligera, y quédate a la sombra.

Bebe mucha agua

Mantenerte bien hidratada siempre es importante, pero en estos casos puede marcar la diferencia. Tomar regularmente agua te permite controlar la temperatura corporal y evita la deshidratación.

El consejo más importante de todos, es que este verano tomes sol y te diviertas pero de forma consciente, para evitar malos ratos. Porque todas sabemos que no hay nada peor que perder unos días de playa por tener que estar acostada y adolorida por una insolación.